Entrenamiento para ir al baño: Dejando los pañales
On marzo - 1 - 2017

 

Enseñarle a su hijo a dejar los pañales requiere de tiempo y paciencia. Cada niño aprende a dejar los pañales cuando llega su propio momento.
¿Cuándo está listo un niño?
Los niños no tienen control de la vejiga ni de los movimientos intestinales antes de los 12 meses de edad. Muchos niños comienzan a mostrar signos de que están listos para dejar los pañales entre los 18 y los 24 meses de edad. Es posible que algunos niños no estén listos hasta los 36 meses de edad o más. Recuerde que es normal que estos límites de tiempo varíen.
Estos son algunos signos que indican que su hijo puede estar listo.
• Su hijo no ha mojado el pañal en el transcurso de al menos 2 horas
durante el día ni lo ha mojado después de las siestas.
• Usted puede darse cuenta cuándo su hijo está por orinar o defecar.
• Su hijo puede seguir instrucciones sencillas.
• Su hijo puede caminar hasta el baño y ayudar a desvestirse.
• A su hijo no le gusta tener el pañal mojado y pide que se lo cambien.
• Su hijo pide usar el inodoro o la bacinilla.

Consejos para dejar los pañales
1. Decida qué palabras va a utilizar. Elija las palabras que su familia usará para describir las partes del cuerpo, la orina y los movimientos intestinales. No use las palabras sucio, malo o apestoso.
2. Escoja una bacinilla. Los pies del niño deberían quedar apoyados en el piso. Este momento puede ser más divertido si se eligen libros o juguetes para el “momento de usar la bacinilla”.
3. Dé el ejemplo. Muéstrele a su hijo que usted usa el inodoro y luego se lava las manos.
4. Conozca los signos. Su hijo puede gruñir o hacer otros ruidos, ponerse en cuclillas o dejar de jugar por un momento.
5. Ir hasta la bacinilla debe convertirse en una rutina. Lleve a su hijo a la bacinilla cuando vea que muestra signos de estar listo. Vaya también en otros momentos, como después de levantarse a la mañana.

Tome en cuenta.
Si surge alguna preocupación antes, durante o después del entrenamiento para dejar los pañales, hable con el médico de su hijo o con el profesional de atención médica pediátrica. A menudo el problema es menor y se puede resolver rápidamente. Algunas veces, las causas físicas o emocionales requerirán tratamiento. Obtener ayuda profesional puede hacer que el proceso sea más fácil.